Coaching ejecutivo

El rol del ejecutivo tiene que cambiar
Nuestros padres nos dicen qué tenemos que hacer cuando somos pequeños, en la escuela nuestros profesores nos obligan a hacer deberes y a comportarnos de cierta forma y, cuando conseguimos nuestro primer trabajo, nuestro jefe nos da órdenes constantemente. De esta manera, cuando alcanzamos un puesto de responsabilidad, sólo estamos preparados para ordenar, que es exactamente lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.

Suele ocurrir que al dar una orden tenemos una falsa sensación de control sobre la situación y el empleado. Pero lo que ocurre habitualmente es que dicho empleado se comporta de manera diferente a la esperada y reduce su productividad fruto del resentimiento causado por una orden dictada por un superior que no le ha dado ninguna posibilidad de ofrecer su punto de vista.

Además del factor cultural, un ejecutivo suele preferir dar órdenes a sus colaboradores porque se ve incapaz de dedicarles el tiempo necesario para formarlos. Y prefiere ofrecerles algunos cursos de formación y así convencerse de que es lo mejor para ellos y la empresa. Lo paradójico de todo esto es que si los gerentes encontraran el tiempo para entrenar personalmente a sus empleados, éstos serían capaces de asumir más responsabilidad, mejorar su desempeño y, en consecuencia, liberar a su jefe de las tareas urgentes para poder dedicarse a las importantes.

El nuevo ejecutivo debería incorporar las habilidades de un coach (Coach Approach Management) para mejorar no sólo la relación con sus equipos sino para obtener una mejor utilización del tiempo. Con ese nuevo rol, además, conseguiría que:
- la jerarquía ceda paso al apoyo
- la crítica sea reemplazada por la evaluación positiva
- las motivaciones externas (dinero, poder, …) sean sustituidas por las internas (auto realización, auto creencia, …)
- el miedo se diluya a medida que se desarrollan los equipos

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